Han pasado muchos años…

 

Antes la ciudad que corona el norte de Extremadura era una ciudad próspera, tanto para mortales como para Vástagos. Los negocios fluían, la gente se movía, las intrigas eran parte del día a día… en definitiva: la ciudad estaba viva, nosotros muertos y, si no fuera por estar malditos, disfrutaríamos de nuestra dudosa existencia.

 

Entonces pasó lo que debía pasar. Toda buena historia que se precie tiene en su trama un final atroz. Las manadas del Sabbat arrasaron con todo lo que había en Cáceres. Daba igual que fueras progresista, tradicional o un sucio Anarquista… Esa sangre hambrienta Paso por encima de la ciudad para acuchillar, destruir, quemar e intentar dejar un reguero de cenizas.

 

No había límites ni normas y poco importaban las consecuencias, es el motor de vida de la secta de denigra a la Camarilla. La Bestia que nos acecha en oscuras esquinas para destrozarnos y no dejar rastro de nuestra existencia, se había abalanzado contra nosotros y había borrado nuestros pasados. No quedó nada, ningún cronista recogería nuestro legado, la Historia nos olvidaría… o eso me temí. 

 

Me oculté como una cucaracha… Sí, lo admito. ¿Qué habrías hecho tú? Puedes alardear todo lo que quieras ahora, cuando vengan a por ti veremos cómo actúas. Yo no quiero que mi existencia llegue a su fin. No sé si lo sabrás pero después de esto no hay nada.

 

Pasaron algunos años y la Bestia comenzó a volverse desconfiada y menos fuerte. El Sabbat tenía otros lugares más dignos de destrucción que nuestra ciudad y comenzó a dividirse mientras se hacía fuerte causando discordia en sus siguientes víctimas.

 

Fue el momento de sacar la cabeza de mi agujero y mirar a mí alrededor. La vida de los mortales continuaba con normalidad, ajena a todo lo ocurrido. Justificaciones entre ellos de lo que podría haber tenido más repercusión, miembros del gobierno local controlados por alguien que permitió que la Mascarada siguiera vigente en la ciudad.

 

Al principio creí que no quedaba nadie, después vi que podría haber esperanza. Había algún superviviente más que siguió mi misma estrategia. Pero éramos demasiado pocos… y ahora comienza el auténtico horror.

 

De las afueras del perímetro urbano surge un Antiguo, uno con una Bestia increíblemente grande y fuerte que podría aniquilarnos con tan solo proponérselo. Estamos a la merced de un lunático que dice que en el futuro reclamará la praxis de Cáceres y hará la provincia suya para nuestro bien. Un lunático a los mandos de una nave de guerra… ¿de verdad esto lo van a tolerar nuestros vecinos?

 

La respuesta fue sí y ese futuro casi es nuestro presente. Todos hablan maravillas de Don Braulio, como si de un padre de familia se tratara, como el alcalde de un pequeño pueblo que cuida y mima a todos. Esos imbéciles creen que es su familiar, su amigo que los respeta… No entienden la fachada de engaños, no comprenden que esa Bestia les va a destruir.

 

Yo me marcho de esta ciudad, no estoy dispuesto a ver cómo todos se vuelven locos, cómo el lunático los usa como marionetas para sus propios fines y cómo su Bestia les acabará devorando hasta no dejar ninguno.