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En una finca situada en mitad de los campos que circundan el término municipal de Cáceres y cuya localización solo conocen los Vástagos que en ella moran o han sido acompañados a invocar la quinta Tradición ante su dueño, reside una familia de Cainitas que atiende las voluntades del patriarca, Don Braulio Rodríguez Rosa. Es el Vástago más antiguo de cuantos han aparecido en estos territorios después de la Purga del Sabbat, cuando las Bestias de esos depredadores arrasaron a casi todos los Cainitas que se habían refugiado en lo que un día fue una ciudad tranquila y dichosa.


Los brazos del Antiguo Malkavian han acogido en su hogar a un grupo de Condenados a los que ha nombrado su familia y quienes tienen un cometido muy claro en la Estirpe local del norte de Extremadura. Su hospitalidad solo se ve sobrepasada por su propia Bestia, un halo salvaje que a veces se contiene en un vaso de agua y otras necesita reventar cabezas o derribar los muros de la casa para sentirse cómoda.


Las ramas del árbol que corona Don Braulio cobijan a sus tres hijos: a un lado está el brazo parlamentario, su Chiquillo Nicomedes López y Bru, junto a su hermana de sangre, Casilda López y Bru, y por el otro está su brazo ejecutor, su Sheriff ACE de la sangre Toreador. Nicomedes ocupa un lugar predilecto en esta pirámide con los restos de su amada mujer, Amelia, y por encima de la siguiente generación de fragmentos del espejo: Felicia López Barado, Rómulo López Barado (Chiquillo de Casilda) y "Jorgito".

 

Han pasado muchos años…

 

Antes la ciudad que corona el norte de Extremadura era una ciudad próspera, tanto para mortales como para Vástagos. Los negocios fluían, la gente se movía, las intrigas eran parte del día a día… en definitiva: la ciudad estaba viva, nosotros muertos y, si no fuera por estar malditos, disfrutaríamos de nuestra dudosa existencia.

 

Entonces pasó lo que debía pasar. Toda buena historia que se precie tiene en su trama un final atroz. Las manadas del Sabbat arrasaron con todo lo que había en Cáceres. Daba igual que fueras progresista, tradicional o un sucio Anarquista… Esa sangre hambrienta Paso por encima de la ciudad para acuchillar, destruir, quemar e intentar dejar un reguero de cenizas.

 

No había límites ni normas y poco importaban las consecuencias, es el motor de vida de la secta de denigra a la Camarilla. La Bestia que nos acecha en oscuras esquinas para destrozarnos y no dejar rastro de nuestra existencia, se había abalanzado contra nosotros y había borrado nuestros pasados. No quedó nada, ningún cronista recogería nuestro legado, la Historia nos olvidaría… o eso me temí. 

 

Al principio la ciudad era próspera tanto para mortales como Vástagos. El número de Condenados estaba bien controlado aunque rozaba el límite de población. Todos estaban regidos por el célebre Príncipe Ventrue Nicolás García Menz, un miembro de la sangre azul Ancilla que sabía conducir a la Camarilla de la ciudad con puño de hierro por el buen camino.


Su regencia fue bastante fructífera. Los Vástagos convivían en las sombras con mortales sin ser descubiertos, respetando las Tradiciones y sin ocasionar ningún problema fuera de su ciudad, lo que hacía que pasaran más desapercibidos. Don Nicolás promulgó que las influencias de los Vástagos no debían extenderse más allá de la capital y que sus enfrentamientos deberían resolverse dentro de la misma como caballeros.
El Príncipe fue objetivo de un par de atentados orquestados por los de otras sangres para arrebatarle el puesto, incluso en una de ellas participaron Condenados de los propios puestos que él designó. Don Nicolás siempre demostró ser parte de la sangre azul y gracias a su sabiduría y forma de gobierno, supo llevar por buen camino tales circunstancias, premiando a los que beneficiaban su posición y destruyendo de forma justificada a los que atentaban contra su vida o se tomaban las Tradiciones por su propia mano.