La cámara se enciende. Muestra una calle de Cáceres… una cualquiera, estrecha y sucia. Siguen a una persona desorientada, pronto se la identifica; es la Oráculo.


Mira hacia todos lados, está desorientada, no parece saber dónde está ni que tiene delante. Algo le pasa. Una risa de mofa suena desde la cámara que la graba, una risa de muchacho joven. Improperios comienzan a llover hacia la imagen de Oráculo de la ciudad. Algunos no se entienden, otros está claro que son objeto del rencor y del odio más profundo.


Comienza a sonar la voz de una muchacha joven, se ríe e intenta quitarle la cámara al muchacho. Discuten, regañan y la imagen se mueve demasiado como para que se vea algo claro. Al parecer ella acaba con la cámara, enfoca bien y comienza a reírse sola mientras el muchacho se acerca a Claudia Aurelia.


No se ve bien quien es el, un gorro en la cabeza, una pose enfadada y de un empujón la tira al suelo. Pronto se abalanza sobre ella y comienza a morderla de forma brutal. Intenta revolverse pero ya es tarde, está cazada. La sangre comienza a brotar y sus alaridos de dolor resuenan en todo el callejón. La piel se arranca a tiras y comienza incluso a volar algún trozo de carne o miembros, la carnicería es demasiado brutal.


La portadora de la cámara disfruta enormemente con el espectáculo, empieza incluso a botar de la alegría mientras ríe. Los gritos continúan de fondo mientras ella se enfoca así misma:


- ¿Creíais que nos habíamos olvidado? ¿Creíais que todo iba a quedar así? No, no, no, no… Ya llegará el momento… Aún no… pero no queremos que os olvidéis de nosotros. No lo hagáis – comienza a reír y de repente mira nerviosa hacia un lado, vuelve a centrarse en la cámara - ¡VAMOS A POR VOSOTROS! No vamos a dejar, ¡NADA! ¿Creéis que hemos olvidado como nos expulsasteis y lo que hicisteis? – mira de nuevo hacia otro lado – Abuelo, es rápido… No de verdad… Se lo diré de tu parte claro – gira la cabeza y la mirada lentamente hacia la cámara. Sus labios forman rápidamente en una sonrisa que se transforma en una carcajada fuera de sí y finalmente mira a la cámara apretando fuerte los dientes - ¡VAIS… A MORIR!


Su mirada es desorbitada como toda buena lunática y finalmente, Felicia estampa la cámara contra el suelo donde se puede ver finalmente en la cinta, la lluvia de nieve de que la función ha finalizado.