La Reina convocó a todos los Vástagos en el mismo lugar en el que se practicó la Disgenesia meses antes. Muchos iban con gran reparo y con miedo ante lo que pudieran encontrarse, o qué se les iban anunciar.

Nuevos vástagos han llegado a la ciudad con intención de afincarse en ella y no les ha sido rechazado tal propósito, siempre y cuando sirvan a la guerra de la Reina, cuya intención y causa aún es todo un misterio.

El misticismo rodeaba el edificio y pronto se hizo notar por qué esto es un reinado Malkavian. La locura se desató por cada esquina del caserón mientras, para su desgracia, fuera ocurría algo que nadie esperaba; una misteriosa y nueva asesina, la vuelta de la familia clamando venganza y algo que hacía que los vampiros perdieran sus atisbos de humanidad y cordura, sucumbiendo para siempre a su Bestia. Incluso algunos fuertes, como Denisse Dumont, sucumbieron a tal efecto, y otros como Paula Hernández, cayeron intentando defenderse en la zona.

 

La cámara se enciende. Muestra una calle de Cáceres… una cualquiera, estrecha y sucia. Siguen a una persona desorientada, pronto se la identifica; es la Oráculo.


Mira hacia todos lados, está desorientada, no parece saber dónde está ni que tiene delante. Algo le pasa. Una risa de mofa suena desde la cámara que la graba, una risa de muchacho joven. Improperios comienzan a llover hacia la imagen de Oráculo de la ciudad. Algunos no se entienden, otros está claro que son objeto del rencor y del odio más profundo.


Comienza a sonar la voz de una muchacha joven, se ríe e intenta quitarle la cámara al muchacho. Discuten, regañan y la imagen se mueve demasiado como para que se vea algo claro. Al parecer ella acaba con la cámara, enfoca bien y comienza a reírse sola mientras el muchacho se acerca a Claudia Aurelia.


No se ve bien quien es el, un gorro en la cabeza, una pose enfadada y de un empujón la tira al suelo. Pronto se abalanza sobre ella y comienza a morderla de forma brutal. Intenta revolverse pero ya es tarde, está cazada. La sangre comienza a brotar y sus alaridos de dolor resuenan en todo el callejón. La piel se arranca a tiras y comienza incluso a volar algún trozo de carne o miembros, la carnicería es demasiado brutal.